Se fundió, creó Utilísima y hoy tiene la clave para no fracasar en los negocios
- Por Eugenia Iglesias & Lucila Lopardo -
- 25 nov 2017
- 2 Min. de lectura
Ernesto Sandler, fundador del canal, asegura que "no hay que enamorarse de una idea".

Cuanto Ernesto Sandler era estudiante de Economía, le enseñaron que toda actividad económica es una actividad planeada. Lo que se olvidaron de avisarle fue que los planes, en la mayoría de los casos, no se cumplen. “Mi vida empresarial fue un GPS de fracasos. Permanentemente he estado recalculando”, admite. El primer error de su carrera estuvo en creer que una buena idea bastaba para tener éxito. Luego aprendió que ideas sobran y lo que falta son manuales sobre cómo llevarlas adelante. Tras varios intentos sin resultado, Sandler y un amigo pensaron que habían descubierto un negocio que no podía fallar: sembrar orégano en la provincia de Buenos Aires. Pero luego de la inversión y el trabajo, las plantas nunca aparecieron: “Me quedé sin un centavo, me peleé con mi socio, me demandaron los tres empleados, hubo que cerrar la empresa y tuve que buscar un trabajo para pagar deudas y mantener la familia”.
Salió a tocar puertas. Llegó a presentarse en un casting de un canal para hacer manualidades. Hizo la prueba junto a miles de personas, pero no quedó. Cuando salía del estudio, vio un cartel: “Se necesita vendedor para televisión”. Consiguió el trabajo. A los pocos años se convirtió en productor y dueño del programa Utilísima. “El éxito fue maravilloso, ¡dejamos de veranear en San Bernardo y nos fuimos a Disney! Pero uno cree que es eterno y no es así”, asegura. El rating no los acompañaba como antes. De Telefe pasaron a Canal 13, sin suerte. “La conductora, Soledad Silveyra, me pidió despedirse de su público y mi respuesta fue ‘¿Qué público? ¡Nadie nos ve!’”, admite. Eran 250 empleados, tenía que devolver créditos bancarios y compromisos comerciales. Se vendieron activos, se prendaron máquinas e hipotecaron estudios de televisión, hubo que refinanciar las deudas, los clientes se alejaron y el ánimo de los empleados se desmoronó.

Pero apostaron por un salto más grande: el primer canal con contenido para la mujer las 24 horas, Utilísima Satelital. Sandler pensó que la mejor idea era salir a buscar un socio grande para apalancar el éxito. Fox adquirió el canal. Convivir con una corporación no era simple, así que Sandler vendió su parte y se retiró. La gran decepción vino al año siguiente, cuando la multinacional dio de baja el canal: “Los equipos que habíamos formado se desintegraron y descubrí que no siempre los grandes nos llevan al éxito sino a la puerta del cementerio”. Como conclusión, dice: “Es muy difícil decirle a la gente que con un plan o una idea se logra el éxito. La vida es una acumulación de fracasos y la única manera de sobrepasarlos es siendo flexibles y sabiendo que uno no tiene que enamorarse de una idea, sino tener la capacidad de adaptarse a la realidad”.